Crianza y límites

Llevo tiempo queriendo escribir sobre este tema. Desde el momento en el que eres madre o padre, todo tu mundo cambia de forma muy intensa, y eso a veces nos lleva a sufrir, pero también a crecer y descubrir otras facetas de nosotras y nosotros mismos.

A mí me llevó a leer mucho sobre crianza y a plantearme muchas cosas sobre cómo fue nuestra educación, e incluso nuestra forma de criar como sociedad, y cómo ha ido cambiando a lo largo de la historia. De ahí nace esta reflexión. Siento que aún tenemos mucho que aprender y que desaprender.

Como madres y padres nos molesta que nuestros hijos/as no hagan correctamente las cosas, necesitamos enseñar y poner límites, por ellos/as pero también por nosotros/as. Necesitan tener en cuenta a las demás personas y saber que no todo vale, si no flaco favor les estamos haciendo. A veces no ponemos límites por falta de tiempo o energía o porque es incómodo decir lo que no nos gusta o aceptar y acompañar una reacción o emoción desagradable. Otras veces confundimos límites y firmeza, con agresividad o maltrato. Lo ideal es no caer en la sobre-protección ni en la tiranía. Lo que ayuda es tomar conciencia, redirigir si nos hemos equivocado, pero también ser tolerantes con nosotros/as mismas. Eso nos ayudará a ser tolerantes con los demás. Ambas actitudes, si nos vamos a los extremos, dañan a la infancia. Por eso es importante también revisar cómo nos relacionamos y buscar ayuda si es necesario.

Aunque nos gustaría hacer las cosas de forma consciente y tranquila, hay que aceptar que es normal enfadarse y que a veces también necesitamos expresar nuestro malestar y disgusto. También enseña a nuestros hijos e hijas que vean cómo tenemos formas de calmarnos, reparar si hemos sido ofensivos y buscar soluciones o acuerdos. Reparar no quiere decir que admitamos que lo hemos hecho mal necesariamente o que no teníamos motivos para enfadarnos, significa tener en cuenta los sentimientos de la otra persona, buscar el buen trato mutuo y la proximidad.

Cuando los niños/as se sienten bien, se portan mejor. Quieren ayudar y que sus progenitores les valoren, diciéndoles lo que hacen bien o lo orgullosos que están de ellos. Reforzar y reconocer lo positivo, o los avances, es una recompensa natural que hace que el niño o la niña quiera repetir esa conducta. Otra herramienta positiva muy útil, sobre todo en el caso de los niños más pequeños, es hacer las tareas como un juego. Estos recursos a menudo requieren más paciencia y control emocional, pero funcionan. La motivación es importante, en nuestra sociedad de hoy en día, ha calado este mensaje y parece que todo tiene que ser motivador y divertido. Aunque estoy plenamente de acuerdo con esto, también creo que no todo puede ser juego y buen rollo y a veces simplemente necesitamos marcar un límite de forma firme y seria.

Existe la idea, en algunas personas, de que para aprender tiene que haber consecuencias, refiriéndose a veces al castigo, que si no, los niños y niñas no reflexionan ni hacen caso. En realidad esta afirmación es muy extrema, los niños y niñas son muy capaces de pensar y razonar, pero esto es más fácil que ocurra desde la calma y el cuidado. El uso del castigo de forma sistemática y reiterada, no sólo no funciona, según las teorías del apego, puede dañar el vínculo con el progenitor, cuando es frecuente, impredecible, humillante o se aplica desde la amenaza, el miedo o la retirada afectiva.

Hoy en día queremos que los niños se expresen, razonen y aprendan, pero hay que tener en cuenta que a veces, los niños/as no pueden poner en palabras lo que les pasa o su comportamiento, esto a los adultos puede resultarnos frustrante, pero es posible que en esos momentos nuestros hijos/as solo necesiten nuestros límites, nuestra paciencia y nuestra presencia.

La teoría del apego no defiende la permisividad, como muchas personas piensan, sino límites claros, acompañados de conexión y con reparación tras el conflicto. Los niños y niñas son capaces de aprender sin castigo y, cuando entienden que han hecho algo incorrecto o que han dañado a alguien, ya se sienten mal y quieren cambiarlo, porque si les importas, les importa tu bienestar. En cambio, si se sienten atacados y desprotegidos, a menudo se ponen a la defensiva y su cuerpo entra en modo supervivencia (lucha, huida o bloqueo). Además cuándo anticipan un posible ataque, o que les vas a retirar tu afecto, a menudo les cuesta regular sus emociones y pueden reaccionar de forma desproporcionada. Eso no significa que si en algún momento dado hemos aplicado el castigo hayamos traumatizado a nuestros hijos/as.

Otro error común que escucho es pensar que consecuencias, castigos y límites vienen a ser lo mismo. Claramente, hay matices muy importantes que diferencian estos términos. El castigo es una consecuencia dolorosa para que algo no se vuelva a repetir y no tiene por qué tener ninguna relación con lo sucedido. En cambio, un límite asertivo es una acción o decisión tomada por parte del adulto, de forma serena y firme, en la que impedimos que un niño se haga daño a sí mismo o a nosotros/as. Puede haber consecuencias, pero siempre tienen relación con lo ocurrido y la intención no es infligir dolor, sino proteger y/o protegernos. Por ejemplo, si un niño está tratando mal algo tuyo, retirárselo: “no quiero que juegues así porque se va a romper. Si sigues haciéndolo, lo voy a guardar”, «Aquí no puedes gritar porque molestamos a otras personas, si sigues gritando nos tenemos que ir»

Desde un amor increíblemente inmenso, quieres hacerlo lo mejor posible y te encuentras con tus debilidades, pero al mismo tiempo la maternidad y/o paternidad es una oportunidad de crecimiento. Si crees que la terapia te puede ayudar a vivir una maternidad o paternidad más consciente, no dudes en iniciar ese proceso de análisis y cambio.

¿Sientes que nada funciona o que no puedes cambiar? Busca ayuda profesional. Puedes reservar una cita fácilmente a través de mi perfil de doctoralia: https://www.doctoralia.es/maria-quintanilla-garcia/psicologo/alcala-de-henares#about-section

Si quieres encontrar herramientas para la crianza en positivo, te recomiendo este libro, donde podrás conocer y poner en práctica alternativas al castigo y a los gritos.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Crianza: límites y castigos

Llevo tiempo queriendo escribir sobre este tema. Desde el momento en el que eres madre o padre, todo tu mundo cambia de forma muy intensa, y eso a veces nos lleva a sufrir, pero también a crecer y descubrir otras facetas de nosotras y nosotros mismos.

A mí me llevó a leer mucho sobre crianza y a plantearme muchas cosas sobre cómo fue nuestra educación, e incluso nuestra forma de criar como sociedad, y cómo ha ido cambiando a lo largo de la historia. De ahí nace esta reflexión. Siento que aún tenemos mucho que aprender y que desaprender. Por ejemplo, ¿en qué momento normalizamos el castigar o amenazar? A nadie le gusta usar este método, pero lo veo con demasiada frecuencia. ¿Si esto nos lo hiciera nuestra pareja lo etiquetaríamos como tóxico? Imagínate: “si no recoges la mesa ahora mismo, no vas a ver la tele”.

Como madres y padres, a veces estamos agotados, nos molesta que nuestros hijos no hagan correctamente las cosas y necesitamos poner límites. Pero a menudo nos faltan herramientas y se confunden los límites con la agresividad. Es fácil encontrarse con frases del tipo: “no se lo podemos permitir”, “¿le vamos a dejar que haga lo que le dé la gana?”, para justificar ese comportamiento. Otro tema que complica las cosas son las tensiones que se crean cuando madre y padre chocan en la forma de ver la educación.

Aunque queramos hacerlo todo de forma consciente y tranquila, hay que aceptar que somos humanos y que a veces nos enfadamos y gritamos, o mostramos ese malestar y disgusto. Esto es normal. Pero lo que realmente enseña es que nuestros hijos e hijas vean cómo tenemos formas de calmarnos, reparar, expresarnos sin ser ofensivos y buscar soluciones o acuerdos. Los niños y niñas son muy capaces de pensar y razonar, pero esto se da desde la calma y el cuidado.

Cuando los niños/as se sienten bien, se portan mejor. Quieren ayudar y que sus progenitores les valoren, diciéndoles lo que hacen bien o lo orgullosos que están de ellos. Reforzar y reconocer lo positivo, o los avances, es una recompensa natural que hace que el niño o la niña quiera repetir esa conducta. Otra herramienta positiva muy útil, sobre todo en el caso de los niños más pequeños, es hacer las tareas como un juego. Estos recursos a menudo requieren más paciencia y control emocional, pero funcionan. La motivación es importante, porque sin ella es fácil que los niños eviten hacer algo que supone un esfuerzo, no por molestarnos, sino porque no les apetece o no son capaces de ver que les conviene o les ayudará a sentirse mejor a largo plazo.

Existe la idea, en algunas personas, de que para aprender tiene que haber consecuencias, refiriéndose a veces al castigo, que si no, los niños y niñas no reflexionan ni hacen caso. En realidad, lo que el castigo suele generar es rencor y puede dañar el vínculo con sus progenitores. Según las teorías del apego, el uso del castigo puede dañar el vínculo con el progenitor, especialmente cuando es frecuente, impredecible, humillante o se aplica desde la amenaza, el miedo o la retirada afectiva.

Por otro lado esto no quiere decir que dejemos que los niños hagan lo que quieran o que no se pueda decir decir que no. La teoría del apego no defiende la permisividad, sino límites claros, acompañados de conexión y con reparación tras el conflicto. Los niños y niñas son capaces de aprender sin castigo y, cuando entienden que han hecho algo incorrecto o que han dañado a alguien, ya se sienten mal y quieren cambiarlo, porque si les importas, les importa tu bienestar. En cambio, si se sienten atacados, a menudo se ponen a la defensiva y su cuerpo entra en modo supervivencia (lucha, huida o bloqueo). Además cuándo anticipan un posible ataque a menudo les cuesta regular sus emociones y pueden reaccionar de forma desproporcionada.

Otro error común que escucho es pensar que consecuencias, castigos y límites vienen a ser lo mismo. Claramente, hay matices muy importantes que diferencian estos términos. El castigo es una consecuencia dolorosa para que algo no se vuelva a repetir y no tiene por qué tener ninguna relación con lo sucedido. En cambio, un límite es una acción o decisión tomada por parte del adulto, amable y firme, en la que impedimos que un niño se haga daño a sí mismo o a nosotros/as. Puede haber consecuencias, pero siempre tienen relación con lo ocurrido y la intención no es infligir dolor, sino proteger y/o protegernos. Por ejemplo, si un niño está tratando mal algo tuyo, retirárselo: “no quiero que juegues así porque se va a romper. Si sigues haciéndolo, lo voy a guardar”.

Desde un amor increíblemente inmenso, quieres hacerlo lo mejor posible y te encuentras con tus debilidades, pero al mismo tiempo la maternidad y/o paternidad es una oportunidad de crecimiento. Si crees que la terapia te puede ayudar a vivir una maternidad o paternidad más consciente, no dudes en iniciar ese proceso de análisis y cambio.

¿Sientes que nada funciona o que no puedes cambiar? Busca ayuda profesional.

Si quieres encontrar herramientas para la crianza en positivo, te recomiendo este libro, donde podrás conocer y poner en práctica alternativas al castigo y a los gritos.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Vivir conectados

**¿Vivimos de forma consciente o de forma reactiva? **

En nuestro día a día a veces reaccionamos desde nuestro cansancio o malestar. Por eso es muy importante observarnos y cuándo vemos que estamos perdiendo el contacto con nuestro centro, es decir nuestros valores y motivaciones, parar, respirar y canalizar nuestras emociones en función de nuestros objetivos y valores. Manteniendo la actitud que queremos tener frente a las circunstancias.

Para vivir más conscientes, se han mostrado eficaces las técnicas de mindfulness. Ejercicios que nos pueden ayudar a parar, tomar conciencia, escucharnos de forma amable y mantener el foco.

Aquí debajo te propongo el siguiente ejercicio de autorregulación emocional basado en mindfulness.

  • Para un momento. Deja que te calme tu respiración.

  • Haz un chequeo corporal y emocional.

¿Cómo estoy? ¿Cómo está mi cuerpo? ¿Qué me está afectando? Hazlo desde la amabilidad y comprensión, es normal que las cosas nos afecten.

Acepta y abraza tus emociones, solo te dan información sobre aquello que es importante para ti.

  • Canaliza tus emociones en función de tus objetivos y valores ¿Qué actitud quiero tener frente a las circunstancias? ¿Qué necesito en este momento?

Cuando inspires intenta llenarte de todo eso que quieres que esté en tu día a día (amabilidad, alegría. calma, vitalidad…) y cuando expires intenta sacar todo aquello que no te ayuda, que te bloquea (tensión, rigidez, perfeccionismo…)

¿Te ha gustado el ejercicio? Te animo a que lo utilices en tu día a día como una práctica de autocuidado. Busca un buen momento para ti, aprovecha las transiciones de una actividad a otra o el comienzo del día. De este modo día a día te fortalezas y alimentas esos pensamientos y actitudes bonitas en ti.

Si te cuesta encontrar ese centro de calma, bienestar y conexión busca ayuda para encontrar tu paz mental.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

¿Cómo cuidar la comunicación en nuestras relaciones?

Expresar algo que nos molesta en una relación importante para nosostros/as es delicado. A menudo tenemos miedo a empeorar la situación. Pero en la vida habrá cosas con las que no estemos de acuerdo. Evitar hablar de esto no lo va a solucionar. Hablarlo ayuda a regular nuestras relaciones.

Si evitamos el conflicto, no deja de afectarnos, esas conductas van a afectar a nuestra relación, nos vamos a sentir mal o vamos a estallar en algún momento. La cuestión es aprender a expresarnos de manera asertiva para mejorar las cosas, en lugar de empeorarlas.

Cuando nos sentimos mal, a menudo, proyectamos el malestar fuera, es decir me siento mal por que tú… Esto hace que la otra persona se sienta atacada, y lo más probable es que contraataque o se ponga a la defensiva. En cambio, cuándo nos hacemos cargo de nuestras emociones, y buscamos soluciones, es más probable que la otra persona, si nos quiere, quiera colaborar para que nos sintamos mejor.

Una técnica que nos puede ayudar a pedir lo que necesitamos a los demás sin hacer daño es la siguiente: Es que yo… me siento, necesito…

Puedes intentar recordar la siguiente fórmula: **menos porque tú y más porque yo**

Expresarnos de forma asertiva nos hará sentir mejor con nosotros mismos y mejora nuestras probabilidades de éxito

Otro problema en las relaciones es que a veces nos centramos en lo que no nos gusta o nos molesta, pero nos cuesta más reconocer, valorar y expresar lo positivo. Hacerlo te hará sentir mejor y mejorará la satisfacción en tus relaciones. Abajo proponemos un ejercicio para practicar la comunicación asertiva y poner conciencia también en las emociones positivas.

¿Qué emociones ha habido a lo largo del día? Escríbelas, no olvides prestar atención a las agradables, si ha habido algún momento de calma, alegría, agradecimiento, satisfacción… —————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————-—————————————————————————————
¿Qué situaciones o pensamientos han influido en esas emociones? ———————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————–  
¿Has dado o te gustaría dar un mensaje positivo a alguien? Practica escribiendo y si quieres díselo a esa persona, se sentirá más motivada a seguir haciendo esa conducta. —————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————-————————————————————————————————————–    
¿Hay algo que te molestó? Practica tu asertividad expresando lo que necesitas para mejorar tu relación con esa persona **No olvides usar la receta mágica**

Yo siento——————————————————————————————–———————————————————————————————————————————————
Me gustaría—————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————

Practicar el ejercicio propuesto te puede ayudar a mejorar tu calidad de vida y si lo puedes acompañar de terapia será mucho más fácil reconocer las trampas de la mente y adquirir un compromiso contigo/a mismo/a

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Cuidar nuestro lenguaje interno

**La calidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos**

Las palabras tienen poder. El poder de construir nuestro mundo interno, según nos decimos las cosas así también las sentimos y las creemos.

La forma de hablar es muy importante a la hora de tener una relación sana con uno mismo y con los demás. A menudo le quitamos importancia y esto nos lleva a conflictos que se podían haber evitado. Por eso es muy importante darse cuenta de cómo es nuestro lenguaje.

Veamos un ejemplo:

Si yo digo “He hecho todo mal, soy un desastre, no valgo para nada”, no siento lo mismo que si digo “No me ha salido como me hubiera gustado, creo que podría mejorar si… ”

El primer mensaje es general, negativo y dañino, no ayuda a mejorar en nada. En cambio, el segundo mensaje es respetuoso e intenta sacar un aprendizaje. El primero nos hunde el segundo nos lleva a aceptar nuestro lado vulnerable responsabilizándonos de nosotros mismos, nos lleva a mejorar y corregir.

¿Te sientes identificado/a? Esto te interesa…

No pasa nada si tu primera reacción es dramática, a veces las emociones son demasiado intensas y es normal. Pero luego recuerda que quieres aprender a tratarte mejor y busca recuperar tu equilibrio.

Te propongo un ejercicio para aprender a cuidar tu lenguaje interno. Cuando te sientas mal, escribe tus pensamientos y luego analiza cómo te estás tratando, si es justo, si es verdad, si es útil lo que te dices y si tratarías así a una persona que quieres. Luego puedes reformular las cosas y practicar un lenguaje más positivo. Puede ayudarte la siguiente ficha:

¿Qué pasó? ————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————–  
¿Cómo reaccioné? ——————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————
¿Qué tan malo fue?
1  2       3      4      5  
¿Qué sentí o pensé?   ——————————————————————————————————————————————–————————————————————————————-¿Hay otra forma de verlo? ———————————————————————————————————————————-————————————————————————————-¿Cómo me gustaría reaccionar la próxima vez? ——————————————————————————————————————————————————————————-—————

Practicar el ejercicio propuesto te puede ayudar a mejorar tu calidad de vida y si lo puedes acompañar de terapia será mucho más fácil reconocer las trampas de la mente y adquirir un compromiso contigo/a mismo/a

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

La trampa del perfeccionismo

Un tema que aparece a menudo en la consulta es el perfeccionismo. La realidad es que vivimos en una sociedad crítica y exigente. Hay presión por parecer perfectos, útiles, exitosos, guapos y atractivos. Estamos expuestos a modelos de éxito y belleza estrictos.

Por ejemplo en las redes sociales podemos ver cómo los famosos e incluso las personas que conocemos muestran su mejor cara, disfrutan el momento, están en sitios maravillosos, se cuidan, su vida parece fantástica y ellos tenerlo todo bajo control. Y nos comparamos internamente con estos modelos. Intentamos parecer cómo ellos y ocultamos a los demás nuestra parte oscura. Esa parte que no siempre es productiva, que a veces está de bajón, no se siente segura, no tiene las cosas en su sitio o no come bien.

Si intentamos llegar al perfeccionismo nos volvemos rígidos, estresados, no nos permitimos fallar. Vivimos con la sensación de frustración y de no ser suficientes. No hay calma porque siempre hay que estar haciendo cosas o puede estar mejor. Nos cuesta ser felices y estar en paz sólo con ser quienes somos.

Esto principalmente nos afecta a nosotros, impidiéndonos la felicidad, pero a menudo también nuestras personas cercanas también se ven afectadas por ese malestar o irritabilidad. A veces la hiperexigencia a uno mismo también va acompañada de la exigencia a los demás, Y nos puede llevar a ser intolerantes, perjudicando nuestras relaciones. Otra dificultad que puede aparecer es la de aceptar críticas, asumiendo la parte de verdad que puedan tener y sin ponernos a la defensiva.

Y entonces ¿Qué hacer? ¿Es malo exigirse? Yo creo que cómo siempre en el punto medio está la virtud. Está bien querer dar lo mejor de uno mismo, pero también permitirnos ser vulnerables y humanos. Hablar de nuestros éxitos pero también de nuestros bloqueos, malestares y desastres. Querer agradar, sin perder la conexión con nuestra esencia. Aprender a respetarnos y estar en paz, respetando nuestros momentos, nuestros ritmos e incluso nuestros bajones.

Si bien es cierto que cada vez puedo ver que se habla más de salud mental, que se entienden más los estados mentales y se gestionan mejor, por otro lado también veo el daño que hace la sobreexigencia, y los modelos rígidos tan difíciles de alcanzar. Una frase que me gusta repetir a mis pacientes más exigentes es «No hace falta ser perfecto, basta con ser completamente suficiente».

No hay caminos perfectos, la realidad no es perfecta, es compleja. Lo más sano es intentar priorizar y potenciar rutinas que alimenten lo que a ti te hace sentir bien, encontrando un equilibrio imperfecto. Priorizando y aligerando la carga. Llegando a acuerdos con las personas más cercanas y aceptando que tu camino no es mejor ni peor al de los demás es el que a ti te va bien.

Y tú ¿Eres muy perfeccionista? ¿En qué ámbitos eres más perfeccionista? Te propongo un reto, prueba permitirte hacer un día las cosas un poco menos perfectas, verás cómo no pasa nada tan grave.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

¿Una etapa difícil? Herramientas psicológicas útiles para crecer en la adversidad.

Todxs pasamos por momentos difíciles en nuestra vida. ¿Hay alguna herramienta psicológica que nos puede ayudar a atravesar estas situaciones? Siento decir que no hay herramientas mágicas pero si que hay ciertas formas de relacionarse con nuestra mente y emociones que pueden ayudar.

A continuación hay algunas líneas que nos pueden orientar. te invito a reflexionar sobre los siguientes puntos y pensar cómo puedes introducirlo en tu día a día cómo una herramienta de autocuidado que te ayude a estar mejor.

  • ESCÚCHATE. ¿Paras a pensar cómo estás? ¿Cómo te sientes? ¿Encuentras momentos para expresarlo? Conocernos mejor nos permite darnos cuenta de nuestras necesidades, ayudándonos a encontrar una adaptación positiva al cambio.
  • PERMITETÉ SENTIR. ¿Cómo te relacionas con tus emociones? Intenta comprender más que juzgarte por tus emociones. Es normal que las cosas nos afecten. Las cosas no siempre ocurren cómo habíamos deseado y no siempre hemos actuado como nos hubiera gustado. Aceptar tu lado humano y ámate con tus limitaciones, te ayudará a recuperarte y seguir adelante.
  • SONRÍE. Fomenta las emociones placenteras, los momentos agradables, distendidos, divertidos. Te ayudará a desconectar, liberar tensión y coger energía. Aprovecha las oportunidades y regalos que nos da la vida, abre los ojos y verás que están ahí.
  • SE REALISTA. En la vida suceden cosas agradables y desagradables. No caigas en el victimismo o la personalización «Todo me pasa a mi», realmente a todxs nos pasan cosas.
  • COMPARTE TUS EMOCIONES. Busca algún ratito para hacer partícipes a tus seres queridos de tu proceso. Rodéate de personas que suman, te liberará y te sentirás menos solo. Ayudará también intentar ver el lado positivo de lo que estás viviendo y echarle algo de humor. Recuerda no solo desahogarte si no también observar cómo está el otro. ¡Las relaciones saludables se basan en el cuidado mutuo!
  • CUIDATE. Mejorar tu salud física y mental te ayudará a sentirte mejor y mantener tu equilibrio. Practica algo de ejercicio, deja espacio para tus hobbies… Eso te ayudará a cargar la pilas y poder con todo lo demás. ¿Has metido algo de esto en tu agenda? Busca un hueco para ti.
  • SE FLEXIBLE. No podemos controlarlo todo, procura adaptarte a lo que va viniendo respetando tus ritmos. El perfeccionismo excesivo y la rigidez nos hace sufrir y no es útil.
  • BUSCA UN APRENDIZAJE. Busca una forma de transformar tus dificultades y errores en aprendizajes. ¿Hay otra forma de verlo?

«La calidad de nuestra vida depende de la calidad de nuestros pensamientos»

Para saber más sobre la resiliencia pincha aquí

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

El arte de ser optimista

¿Alguna vez te has parado a pensar en cuáles son tus hábitos mentales? ¿cómo es tu lenguaje interior? ¿Crees que eres optimista? Te invito a que hagas una pequeña reflexión sobre este tema

¿Qué es ser optimista?¿Qué  caracteriza a una persona optimista?

Una persona optimista ve el lado positivo de la vida Tiene esperanza, energía y fuerza, y cuando hay un problema responde focalizándose en los recursos para resolverlo.

Popularmente se dice que «un optimista es un pesimista mal informado», que no se puede ser optimista y realista. En cambio ser optimista no significa negar el dolor, ni la realidad. Más bien ser optimista es aceptar lo que duele y ver qué podemos hacer,  sin olvidar el lado bueno de las cosas.

¿El optimista nace o se hace?¿La habilidad de ver la vida de forma positiva es innata o se puede aprender? Hay quien desde que era un niño tuvo un temperamento alegre y se sentía capaz de enfrentarse a los problemas, pero seguramente ese niño también tuvo un ambiente que lo valoró, lo empoderó y reforzó esta actitud frente a la adversidad.  No obstante no siempre recibimos esos mensajes o nos ayudan a valorar lo que tenemos y gestionar los fracasos, los miedos, la frustración… A veces se consigue ser optimista con mucho esfuerzo, consecuencia de un proceso de cambio. Teniendo en cuenta esto, todos podemos aprender a ser más positivos,  el primer paso es ser más conscientes de cómo es nuestro pensamiento, a que le damos alimento.

Cómo nos sentimos y reaccionamos frente a lo que nos sucede depende de los que nos contamos. Por ejemplo si se me cae un café puedo tomarlo con humor o puede joderme el día ¿De qué depende?  ¿Qué crees que se está diciendo el que se lo toma con humor? ¿Y que crees que se dice aquél al que le jode el día?.

Trabajo personal.

Piensa en una situación que te ha generado malestar, que te ha afectado… ¿Cómo has interpretado la situación? ¿Que juicios has realizado? ¿Has sido positivo o negativo? ¿Esos pensamientos te abren puertas o te limitan?

¿En qué situaciones te cuesta ser optimista? ¿Por qué? ¿De dónde vienen tus juicios, puedes identificar el origen? ¿Esos juicios son verdades o solo una forma de ver las cosas? ¿estás generalizando a partir de una experiencia de tu pasado? ¿Puedes hacer algo por cambiar las cosas?

¿Cómo gestionas tus fracasos? ¿Te auto-condenas o eres amable contigo mismo? ¿Te auto-castigas o aprendes y buscas soluciones? ¿Qué crees que es más práctico?

¿Cómo puedes ser más optimista? ¿Cómo puedes enfrentarte a las dificultades de forma más positiva? ¿Qué te sirve a ti?

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

El arte de la aceptación

344-sonrisa-falsa-300x242Vivimos en un mundo en el que hay mucha presión para ser feliz. Nos cuesta mucho aceptar nuestras emociones o sentimientos «negativos» como una parte normal de la vida y de la existencia. Esta resistencia a aceptar y a vivir plenamente lo que nos toca vivir nos genera sufrimiento.

Por mucho empeño que le pongamos, las cosas no siempre salen como deseábamos.  No podemos controlar todos los factores y, como humanos, a veces también nos equivocamos y no reaccionamos como nos hubiera gustado. Así que, nos guste o no, todos tenemos que aprender a relacionarnos con emociones desagradables como el miedo, la rabia, la tristeza o la culpa.

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar estas emociones?

Desde que somos pequeños escuchamos que no debemos tener esos sentimientos. Las personas que nos quieren no quieren vernos sufrir, les cuesta convivir con esas emociones «negativas», escucharlas y aceptarlas. Rápidamente nos las quieren quitar, antes de que nos hayamos podido desahogar, comprender lo que nos afecta y expresar lo que sentimos.  Seguramente te suenen  frases como  «no digas bobadas», «no pienses en eso», «no es para tanto», «no tienes que tener miedo»  o «lo que tienes que hacer es dejarte de tonterías»

Estos mensajes suelen enseñarnos a reprimir la emoción. Es muy posible que tratemos de no hacer caso de esas emociones, porque «no son correctas». Pero esto no hace que desaparezcan, solo hace que no las escuchemos. El problema es que solo escuchándolas y gestionándolas podemos entender lo que nos pasa y encontrar una solución a nuestras necesidades. Aunque nos intentemos distanciar de estas emociones, ellas nos perseguirán hasta que sean escuchadas.

«La distancia genera incomprensión y la incomprensión genera sufrimiento.»

Puede que hayamos aprendido a estar ocupados, ignorando estas emociones, y haciendo lo que se espera de nosotros. Pero ¿qué hacer cuando bajan nuestras defensas y nos las  encontramos en lo más profundo de nuestro ser? ¿Qué hacer cuando ya no podemos seguir negándonos? ¿Qué hacemos ante el terrible contacto con nosotros mismos, con nuestra parte vulnerable?

Hemos aprendido que eso es inaceptable y que de eso no se habla,  así que probablemente nos sentiremos solos ante esos sentimientos y mal con nosotros mismos, entrando en una espiral negativa de autocrítica y autodestrucción: «me siento mal porque estoy mal». Esto puede llegar a afectar a nuestro autoconcepto haciendo esos sentimientos más grandes, sobrecogedores e inconfesables. Ya no es que tenga un sentimiento porque una situación me ha afectado o porque tengo algo que solucionar, ahora puede que yo sea el problema y que aparezcan pensamientos como estos: «no debería ser así», «no debería sentirme así», «nadie puede quererme así», «así no puedo aportar nada a nadie» «se darán cuenta de que no puedo» «solo soy una carga»…

Si no conseguimos racionalizar estas ideas extremas, irreales e incapacitantes que nos hemos llegado a creer, los problemas se hacen crónicos. Puede que nos cueste pensar, concentrarnos, que nos sintamos inseguros o que no confiemos en nuestra capacidad, sintiéndonos paralizados.

Muchos problemas psicológicos vienen de estos dos intentos de encontrar una solución a nuestra «inadecuación». Por un lado intentar huir a toda costa de nuestras emociones y del sufrimiento a través del trabajo excesivo, las drogas, la comida, comprar compulsivamente, procurar estar siempre atareados…  Y por otro lado, intentar hacer frente al problema a través de la sobreimplicación emocional.  En este caso magnificamos nuestras sentimientos y nuestra culpa, sin ser proactivos, solo hundiéndonos y castigándonos más y más. Esto es muy doloroso y destructivo, y el temor más grande de aquellos que han aprendido a huir para protegerse.

Ninguna de estas dos «soluciones» ayuda a gestionar nuestro malestar y a encontrar la paz interior. Nos llevan, o bien a revolcarnos en el estiércol emocional, o bien a distraernos de un malestar que no se va, solo se camufla.

¿Entonces, qué hacer? ¿Qué es lo que nos ayuda a estar con nuestras emociones y a manejarlas?

ACEPTAR. Aceptar que las cosas nos afectan, aceptar lo que nos ocurre, aceptar nuestra humanidad y nuestras emociones. Tienes derecho a sentir rabia, pena, disgusto o enfado. Estas son emociones normales, es más, son inevitables y han aparecido por alguna razón.

Sentir está bien. Nuestros sentimientos nos dan información sobre lo que pasa en nuestras vidas, lo que necesitamos o lo que es importante para nosotros. Nuestros sentimientos simplemente nos dicen que tenemos algo que resolver.

Cuando escuchas lo que te pasa, lo comprendes y lo aceptas, gran parte del dolor desaparece. Aprendemos a vivir con nuestras emociones y con nuestros errores de una forma proactiva: reconociendo, aprendiendo de nuestras equivocaciones y enfocándonos en nuestros valores y objetivos. Sabiendo que podemos tomar decisiones, que somos capaces de pensar y de enfrentarnos al mundo.

Algunas veces tenemos que cambiar algo en nuestra vida o nuestra situación. Otras veces quizá el problema no está en la situación, sino en cómo la estamos viviendo, en cómo estamos interpretando lo que nos pasa. Tendemos a ver las cosas de un modo catastrófico y autocrítico, centrándonos en lo negativo y anticipando lo peor. Esto con frecuencia es exagerado e irreal. A veces tenemos que observar si nuestros pensamientos son objetivos, si se pueden ver las cosas de otra manera o si hay otras alternativas a la catástrofe universal. Incluso en el peor de los casos, somos capaces de soportar más de lo que creemos, no somos tan frágiles.

Si vemos que estamos atascados en una emoción, quizá sea necesario pedir ayuda.  A veces compartirlo ayuda a verlo de otro modo y tomar perspectiva. También el hecho de ser aceptados como somos nos ayuda a aceptarnos.

Reconocer nuestros sentimientos no significa dejarnos llevar por ellos, sino todo lo contrario. Significa reconocer la realidad, y nos predispone a actuar conforme a lo que hay, de forma consciente y orientándonos por nuestros valores en lugar de dejarnos arrastrar por un sentimiento que no queremos reconocer ,pero que se filtra y que no podemos disimular.

Reconocer nuestros sentimientos significa vivir con autenticidad, responsabilizándonos de lo que sentimos, lo que nos toca vivir y actuando en consecuencia.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

El duelo

¿Qué es el duelo?

Casi todos solemos asociar esta palabra a la muerte. Decimos que alguien está en duelo cuándo se ha muerto un ser querido, pero en realidad la palabra duelo explica todo un proceso emocional que puede abarcar diferentes situaciones relacionadas con la pérdida y que trataré de explicar en los siguientes párrafos.

El duelo es el proceso de adaptación emocional a tristeza-klimtcualquier pérdida de algo que es importante para nosotros. A veces es la muerte de un ser querido, pero a veces es una ruptura sentimental, la pérdida de algún amigo o de la confianza que teníamos en alguien. También la pérdida de un trabajo, la pérdida de la salud o incluso la pérdida de un proyecto o de un ideal, como por ejemplo el duelo por un hijo que no llegó a nacer, o un duelo por una persona que apenas conocíamos pero con la que nos habíamos ilusionado.

Todos tenemos pérdidas, por lo tanto todos a veces estamos tristes o pasamos por duelos a lo largo de nuestra vida.

¿Qué es lo que ocurre cuándo vivimos un duelo? 

Voy a explicarlo con una metáfora:

Imagina por un momento que tu vida es una casa, una casa que hemos ido construyendo según nuestras experiencias. Esta casa tiene pilares y vigas maestras que la sustentan. Cuando perdemos algo muy importante en nuestra vida es como si un pilar de nuestra casa se hubiese roto, y si es un pilar fundamental, a veces la casa se desmorona y hay que reconstruirla. De pronto nos encontramos desolados y entre ruinas, nada parece servir o tener sentido. Después de gritar, enfadarnos o llorar nuestra pérdida comenzaremos poco a poco a reconstruir la casa, poniendo pieza a pieza. Algunos materiales antiguos siguen valiendo, pero a veces también se introducen nuevos materiales o se hacen algunas modificaciones con respecto a la casa original. Quizá, en este proceso de reconstrucción que nos hace plantearnos tantas cosas, decidamos cambiar algunas de ellas o buscar nuevos apoyos y es una oportunidad para el cambio.

Asimilar la pérdida y digerirla no es fácil, lleva su tiempo. La palabra duelo viene de dolor, porque  es un proceso largo y doloroso que va desde la pérdida hasta la aceptación de lo ocurrido y la adaptación a la nueva situación.  Para resolver adecuadamente el duelo es necesario comprender lo que ha pasado,  el dolor que produce y  el significado que tenía para nosotros eso que hemos perdido. El duelo se resuelve cuando somos capaces de aceptar la pérdida, incorporándola a nuestra historia de una forma saludable que nos permita seguir adelante con nuestra vida.

 ¿Todos los duelos son iguales?

Los duelos tienen cosas en común, pero las características del duelo dependen de la pérdida. No es lo mismo que la pérdida haya sido progresiva y la hemos ido elaborando a que haya sido de golpe. No es lo mismo perder a un hijo, que a un abuelo, o que a una pareja. Ni siquiera es igual perder a una pareja para todo el mundo, o puede que el duelo que viviste con una pareja no sea igual que el que viviste con otra (la relación que tenías con esas personas probablemente también era diferente). Tampoco se vive de la misma manera cuando una persona fallece que cuando la pérdida se produce por una ruptura o un distanciamiento.

Por lo tanto la forma de vivir el duelo no va a ser siempre la misma, pero trataré de describir a continuación algunas etapas que suelen darse en el duelo, aunque no siempre se dan todas ellas y no siempre se dan siempre en el mismo orden. No es un camino recto, hay avances y retrocesos.

Las etapas del duelo

Al principio, y sobre todo si ha sido una ruptura abrupta, es habitual sentir que eso no es real, que no nos está pasando. A nivel emocional puede que estemos en shock, que todavía no hayamos asimilado lo ocurrido y que sintamos bloqueo o confusión. Es habitual que sea difícil concentrarse, que nos sintamos dispersos, que nos cueste tomar decisiones y que la conducta en estos primeros momentos esté desorganizada.

Más adelante, es posible que nuestra cabeza busque soluciones o negociaciones. En el caso de una pareja, puede que intentemos cambiar para recuperar el amor perdido. En el de una enfermedad, puede que busquemos otras opiniones médicas o tratamientos, puede incluso que recurramos a Dios y le roguemos o prometamos a cambio de su favor divino. En definitiva, a veces nos negamos a aceptar la pérdida y luchamos para recuperar lo perdido. Las emociones podrían ir desde la lucha, el enfado, la frustración y la rabia, a la tristeza, la desesperación, la culpa, la derrota y la resignación.  A menudo hay una mezcla de emociones que vienen y van y las personas se sienten en una montaña rusa emocional.  Todos estos sentimientos son normales. Es imposible que ocurra algo que trastoque profundamente nuestra vidas y que no nos afecte.

En ocasiones las personas no son capaces de sentir y existe un bloqueo emocional. Puede incluso que haya una aparente normalidad y superación. No todas las pérdidas tienen por qué ser traumáticas pero cuando se produce una evitación emocional, consciente o inconsciente, esto nos impide comprender y procesar lo que nos ha pasado e incorporarlo en nuestra historia de vida de una forma saludable. En ocasiones los duelos no se curan: se enquistan, y salen a la luz más adelante.

La negación, el shock, la ira, la tristeza, impotencia, vacío, culpa, ansiedad, miedo, apatía, abatimiento, sentimiento de soledad o de abandono, confusión, insensibilidad, alivio, anhelo, incredulidad, las preocupaciones, las sensaciones de ahogo, de opresión en el pecho o un nudo en la garganta, son reacciones normales en un proceso de duelo y vivir las emociones es necesario para curar la herida. Si ponemos una tirita encima habremos tapado, pero no curado, esa herida. Aún cuando curamos cuidadosamente la herida, siempre quedará una cicatriz, pero el dolor no será igual al de una herida abierta.

¿Cuál es la fase final del duelo? ¿Cuándo termina el duelo? Cuando acepto la pérdida y tengo cierta serenidad con respecto al pasado.  Poco a poco la vida se va normalizando y la energía se va dirigiendo hacia otras personas y actividades. A veces, incluso, se puede sentir agradecimiento por los buenos momentos vividos o por el aprendizaje que ha supuesto esta crisis.

¿Qué tareas hay que llevar a cabo en un duelo?

Según William Worden, psicólogo especialista en el tratamiento del duelo, hay que hacer las siguiente tareas para avanzar en el duelo:

  •  Aceptar la realidad de la pérdida
  • Trabajar las emociones, el dolor que produce el pasado y el significado de lo perdido en nuestra vida. Puede que implique incluso reconstruir tu propia identidad. Cuando perdemos algo que amamos, perdemos una parte de nosotros que hay que rehacer  ¿Quién soy yo ahora?
  • Adaptarse a una nueva vida sin aquello que perdimos y enfrentarnos al dolor que nos produce el día a día. Esto, en ocasiones, implica asumir nuevas tareas o roles.
  • Recolocar emocionalmente lo perdido y seguir viviendo.

Un duelo bien hecho te hace procesar tantas cosas que puede hacerte más sabio:

  • Las personas descubren otra parte de sí mismas que desconocían, encuentran una valentía o fortaleza que no eran conscientes de tener o se dan cuenta de que, a pesar de todo, pueden salir adelante. No están solas porque se encuentran a sí mismas.
  • Se aprende a priorizar. Las personas dejan de gastar tanta energía en pequeñas cosas superficiales por las que antes sufrían y lo realmente importante cobra más valor.
  • En las relaciones de pareja rotas, un duelo bien hecho nos ayuda a comprender qué es lo que queremos en una relación y el qué no estamos dispuestos a permitir. Este análisis ayuda a no cometer las mismas equivocaciones en otras relaciones futuras.

Las personas que han superado un duelo, a menudo se vuelven más humanas, y dicha experiencia les ayuda a comprender el sufrimiento de otras personas y a ser más compasivas.

Elisabeth-Kübler-Ross-III

 

Aquí os dejo un fragmento de la película «En busca del valle encantado»  en el que se refleja muy bien el duelo que el protagonista (Piecito) tiene que hacer por la muerte de su madre. En este fragmento vemos como el viejo «Hocicos» ayuda a Piecito con el enfado y la frustración por la muerte de su madre.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario