Llevo tiempo queriendo escribir sobre este tema. Desde el momento en el que eres madre o padre, todo tu mundo cambia de forma muy intensa, y eso a veces nos lleva a sufrir, pero también a crecer y descubrir otras facetas de nosotras y nosotros mismos.
A mí me llevó a leer mucho sobre crianza y a plantearme muchas cosas sobre cómo fue nuestra educación, e incluso nuestra forma de criar como sociedad, y cómo ha ido cambiando a lo largo de la historia. De ahí nace esta reflexión. Siento que aún tenemos mucho que aprender y que desaprender.
Como madres y padres nos molesta que nuestros hijos/as no hagan correctamente las cosas, necesitamos enseñar y poner límites, por ellos/as pero también por nosotros/as. Necesitan tener en cuenta a las demás personas y saber que no todo vale, si no flaco favor les estamos haciendo. A veces no ponemos límites por falta de tiempo o energía o porque es incómodo decir lo que no nos gusta o aceptar y acompañar una reacción o emoción desagradable. Otras veces confundimos límites y firmeza, con agresividad o maltrato. Lo ideal es no caer en la sobre-protección ni en la tiranía. Lo que ayuda es tomar conciencia, redirigir si nos hemos equivocado, pero también ser tolerantes con nosotros/as mismas. Eso nos ayudará a ser tolerantes con los demás. Ambas actitudes, si nos vamos a los extremos, dañan a la infancia. Por eso es importante también revisar cómo nos relacionamos y buscar ayuda si es necesario.
Aunque nos gustaría hacer las cosas de forma consciente y tranquila, hay que aceptar que es normal enfadarse y que a veces también necesitamos expresar nuestro malestar y disgusto. También enseña a nuestros hijos e hijas que vean cómo tenemos formas de calmarnos, reparar si hemos sido ofensivos y buscar soluciones o acuerdos. Reparar no quiere decir que admitamos que lo hemos hecho mal necesariamente o que no teníamos motivos para enfadarnos, significa tener en cuenta los sentimientos de la otra persona, buscar el buen trato mutuo y la proximidad.
Cuando los niños/as se sienten bien, se portan mejor. Quieren ayudar y que sus progenitores les valoren, diciéndoles lo que hacen bien o lo orgullosos que están de ellos. Reforzar y reconocer lo positivo, o los avances, es una recompensa natural que hace que el niño o la niña quiera repetir esa conducta. Otra herramienta positiva muy útil, sobre todo en el caso de los niños más pequeños, es hacer las tareas como un juego. Estos recursos a menudo requieren más paciencia y control emocional, pero funcionan. La motivación es importante, en nuestra sociedad de hoy en día, ha calado este mensaje y parece que todo tiene que ser motivador y divertido. Aunque estoy plenamente de acuerdo con esto, también creo que no todo puede ser juego y buen rollo y a veces simplemente necesitamos marcar un límite de forma firme y seria.
Existe la idea, en algunas personas, de que para aprender tiene que haber consecuencias, refiriéndose a veces al castigo, que si no, los niños y niñas no reflexionan ni hacen caso. En realidad esta afirmación es muy extrema, los niños y niñas son muy capaces de pensar y razonar, pero esto es más fácil que ocurra desde la calma y el cuidado. El uso del castigo de forma sistemática y reiterada, no sólo no funciona, según las teorías del apego, puede dañar el vínculo con el progenitor, cuando es frecuente, impredecible, humillante o se aplica desde la amenaza, el miedo o la retirada afectiva.
Hoy en día queremos que los niños se expresen, razonen y aprendan, pero hay que tener en cuenta que a veces, los niños/as no pueden poner en palabras lo que les pasa o su comportamiento, esto a los adultos puede resultarnos frustrante, pero es posible que en esos momentos nuestros hijos/as solo necesiten nuestros límites, nuestra paciencia y nuestra presencia.
La teoría del apego no defiende la permisividad, como muchas personas piensan, sino límites claros, acompañados de conexión y con reparación tras el conflicto. Los niños y niñas son capaces de aprender sin castigo y, cuando entienden que han hecho algo incorrecto o que han dañado a alguien, ya se sienten mal y quieren cambiarlo, porque si les importas, les importa tu bienestar. En cambio, si se sienten atacados y desprotegidos, a menudo se ponen a la defensiva y su cuerpo entra en modo supervivencia (lucha, huida o bloqueo). Además cuándo anticipan un posible ataque, o que les vas a retirar tu afecto, a menudo les cuesta regular sus emociones y pueden reaccionar de forma desproporcionada. Eso no significa que si en algún momento dado hemos aplicado el castigo hayamos traumatizado a nuestros hijos/as.
Otro error común que escucho es pensar que consecuencias, castigos y límites vienen a ser lo mismo. Claramente, hay matices muy importantes que diferencian estos términos. El castigo es una consecuencia dolorosa para que algo no se vuelva a repetir y no tiene por qué tener ninguna relación con lo sucedido. En cambio, un límite asertivo es una acción o decisión tomada por parte del adulto, de forma serena y firme, en la que impedimos que un niño se haga daño a sí mismo o a nosotros/as. Puede haber consecuencias, pero siempre tienen relación con lo ocurrido y la intención no es infligir dolor, sino proteger y/o protegernos. Por ejemplo, si un niño está tratando mal algo tuyo, retirárselo: “no quiero que juegues así porque se va a romper. Si sigues haciéndolo, lo voy a guardar”, «Aquí no puedes gritar porque molestamos a otras personas, si sigues gritando nos tenemos que ir»
Desde un amor increíblemente inmenso, quieres hacerlo lo mejor posible y te encuentras con tus debilidades, pero al mismo tiempo la maternidad y/o paternidad es una oportunidad de crecimiento. Si crees que la terapia te puede ayudar a vivir una maternidad o paternidad más consciente, no dudes en iniciar ese proceso de análisis y cambio.
¿Sientes que nada funciona o que no puedes cambiar? Busca ayuda profesional. Puedes reservar una cita fácilmente a través de mi perfil de doctoralia: https://www.doctoralia.es/maria-quintanilla-garcia/psicologo/alcala-de-henares#about-section
Si quieres encontrar herramientas para la crianza en positivo, te recomiendo este libro, donde podrás conocer y poner en práctica alternativas al castigo y a los gritos.








